viernes, 17 de marzo de 2023

¿MORALES O INMORALES?

Alguno me preguntará… ¿y por qué te fuiste a trabajar a Lima y no te quedaste en Arequipa?... Porque, -le responderé de nuevo- ya quería explorar otros mundos… No solo me empujaba la inclinación por la aventura, o curiosidad por emprender nuevos caminos, sino también el querer huir de una sociedad que llevaba todos los signos de la degeneración y destrucción…; yo misma me había degradado…, a tal punto… que ya me había construido “mi propia moral” -amoral por cierto-, porque yo, al igual que los existencialistas consideraba que la vida era un absurdo que termina en la muerte; entonces, ¿para qué vivir con decálogos?... Mejor hagamos de la vida un festín desenfrenado de los sentidos…, porque a eso hemos llegado en la actualidad…; ¿acaso no nos dice eso -por ejemplo- la gran pantalla, reflejo de nuestra realidad, que nos encamina o nos dice que el sexo es como lavarse los dientes?, por eso quieren normalizar las aberraciones (como las orgías o la pedofilia y otras bestialidades)… o ¿no?…; pero, ¿qué se han creído?..., ¡esa es la degradación misma!… La destrucción de las sociedades no solo se debe a las guerras que suscita, sino sobre todo a la degradación de su moral; allí están Sodoma y Gomorra, Roma… y esta civilización anglosajona que está llegando a su fin.

Así que yo, no solo era amoral o sin moral o inmoral, atea, producto de una sociedad que ha confundido libertad con libertinaje, una sociedad secuestrada por un puñado de seres de la oscuridad a quienes debemos vencer con nuestra gran revolución de las conciencias…; sino que también sentía que había un misterio detrás de todo, y que ese era sagrado, y que era cosa de vida o muerte resolver cuál era ese misterio… que yo atisbaba como los universos paralelos de mi fantástico mundo interior… Fue gracias a este deseo por indagar más allá de lo que mis sentidos materiales percibían, que yo llegué a ese lugar preciso en el momento preciso… la biblioteca secreta de la Municipalidad de Lima, y a ese grupo singular de cinco estudiantes de literatura y alquimia liderados por un extraño personaje de capa negra… Me encontraba en el lugar perfecto, el destino me había llevado a una sociedad secreta, aunque no pudiese comprender cómo…, sintiendo por ello un poco de temor ante estos hechos sobrenaturales...
Al lado de los jóvenes me sentía segura, pues de una mirada yo los había “tasado” (era mi ventaja de ser mayor de edad que ellos) y sentía que no había nada que temer con ellos...; pero, ¿y, Petrus?... Petrus me inspiraba a veces confianza y a veces temor…, Petrus era una personalidad fuera de lo común, su mirada era limpia, sin ningún vestigio de la lujuria propia de los hombres degradados, eso me daba confianza en su presencia; mas, lo que desconocía en él era lo que me inspiraba un poco de temor, temor de que pudiese apoderarse de nuestras mentes y manejarnos a su antojo. Sin embargo, no fue así, nunca fue así. Petrus nos instruyó en todo lo que tenía que instruirnos y luego nos dejó volar…, sí, así como también hace nuestra madre y nuestro padre.
Bajo esta mirada alucinante, ya no me cabía duda de que Petrus Christopoulos era “un mago” para mí, sí…, pero no un mago cualquiera, no, sino el mago del Tarot, ¿quién si no?... Allí estaba él con su capa reluciente cuando nos inició en su sociedad secreta de buscadores de sí mismos y de la verdad absoluta, y nos puso una capa en nuestra increíble ceremonia de iniciación. Y con su poder de persona evolucionada nos otorgó el talismán para encontrar nuestro propio camino hasta la realización completa de nuestro ser. Ese talismán que es una sola sílaba..., dos letras… que nos enseñó a pronunciarlas como un gran llamado a nuestro ser original, o suprema fuente de nuestro origen y destino…




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