martes, 7 de julio de 2026

LOS MÍSTICOS, novela – Segunda parte, 7 LA INICIACIÓN 1

 


VII. LA INICIACIÓN

 

 

VII. Parte 1 – El Caminante

 

Estocolmo era una hermosa ciudad, una de las más bellas de Europa y una de las más caras del mundo… Era una ciudad de lujos..., pulcra, segura, muy bien organizada…; me tenía embelesada… El país era reconocido mundialmente por su alta calidad de vida, igualdad de género, transparencia institucional, neutralidad en asuntos internacionales y una de las expectativas de vida más largas de Europa (más de 83 años). Suecia era una de las economías más avanzadas del mundo, destacando como un gigante tecnológico e industrial global. A esta fecha –2026– no debe haber cambiado mucho, o tal vez sí…

 

Poco a poco, fui conociendo y medio comprendiendo (porque al no contar con fuentes fiables de información, mi interés en asuntos políticos era completamente nulo) que, el país es una monarquía constitucional y democracia parlamentaria. Su sistema socialdemocracia es una corriente política y económica que busca equilibrar el libre mercado con la justicia social. No busca eliminar el capitalismo, sino regularlo fuertemente a través de un Estado de bienestar que garantice servicios públicos universales y reduzca las desigualdades. La educación, salud, vivienda, pensiones, seguro de desempleo, y ayuda por discapacidad o maternidad se consideran garantías universales para todos los ciudadanos... Aunque también, el sistema tenía sus lados oscuros, como, por ejemplo, tener fábricas en Bangladesh pagando una miseria a niños que trabajaban para ellos y para otros países ricos de Europa; incluso se notaba su racismo, como cuando no nos dejaban entrar a algunas de sus discotecas, “por ser cabezas negras” (cabello negro); y sábelo diosas y dioses, ¡qué otras cosas oscuras más, tendría!…  

 

Todo era nuevo para mí. Yo sentía que la gente se sentía realizada materialmente, mas, no espiritualmente, pues eran ateos en su mayoría, como la mayoría en la civilización occidental moderna. Realmente, no le encontraba ningún “pero” por ningún lado a Suecia y menos a Estocolmo que era una ciudad ideal, como para enamorarse de ella por más estruendoso laberinto en expansión que fuera. Su arquitectura moderna de gusto exquisito formaba una bella unidad con su patrimonio histórico, al mismo tiempo que mostraba gran diversidad... Todo resaltado en un paisaje idílico de calendario, con su famoso archipiélago por donde navegan hermosos barcos de todo tipo, bajo las alas de cientos de aves marinas... Era una tentación quedarme a vivir en aquella belleza de ciudad, pero yo, cada vez que reflexionaba al respecto, me sentía incapaz de volver a la universidad para convalidar mi título, convalidando cursos y estudiando otros nuevos como historia de la arquitectura sueca, materiales y tecnología de construcción, arquitectura sostenible y otros más... Eso era volver a estudiar y yo, no…, yo ya no estaba dispuesta a ello, yo ya había terminado con esa etapa de mi vida, ¿para qué iba a complicarme más si ya tenía mis alas listas para volar?... Solo necesitaba dinero..., money..., y yo no era buena para el ahorro..., vivía el momento presente lo mejor que podía, igual que mi padre, mas, sin dejar de aferrarme fuertemente a mi sueño dorado.    

 

Sin embargo, ya había un creciente descontento de los jóvenes pese a esa elevada prosperidad material. No cabía duda que solo era carencia espiritual porque se preguntaban: “¿es qué no hay algo más?”, en un lenguaje ininteligible que empezaban a expresar en las paredes de sus calles..., sus famosos grafitis, que eran la manifestación de una auténtica protesta del corazón... Esos jóvenes sentían lo mismo que yo, y sentía que Tina y su mejor amiga, Caroline, también sentían lo mismo..., que no bastaba la realización material en nuestras vidas, y añorábamos algo más sin saber qué...; aunque luego, apreciábamos la palabra “espiritual” en el horizonte opuesto, y nos uníamos en nuestra infinita búsqueda para definirla. Así fue que de pronto me encontré entre estas dos muchachas conversando de este tema, de lo más trascendental y sagrado, donde nos comprendíamos aun con las dificultades del idioma. Mas, con quienes no podía comprenderme era con mis hermanos, con quienes debatíamos en largas peroratas, exceptuando Enrique que prefería observarnos y escuchar; porque nosotros, Víctor, Jorge, Rafael y yo queríamos arreglar el mundo en medio de nuestras jaranas y discusiones por nuestras diferencias, ellos no creían en la existencia de un mundo del espíritu y yo sí, aunque aún no supiese definirlo.

 

Por estas conversaciones con Tina, es que nos acompañábamos cada vez que podíamos. A mí me gustaba estar con ella y con Enrique. A veces, cuando me quedaba con ellos en su departamento, nos amanecíamos con Tina, conversando y conversando (aun con las dificultades del idioma), como cuando nos amanecíamos con Mara, y también con los Toños, escuchando nuestra música escogida… Una tarde acompañé a Tina a su källare, el sótano del edificio donde ella vivía, donde estaban ubicadas las máquinas comunitarias de lavar ropa y los depósitos de los residentes del edificio, separados únicamente por mallas metálicas. Tina me mostró el suyo, que estaba algo vacío y me gustó..., me encantó...; de inmediato le pregunté a Tina si yo podía quedarme a vivir allí y ella exclamó: Vad?!..., abriendo muy grandes sus bellos ojos azules, totalmente sorprendida por mi descabellada idea, no necesito de más espacio, le dije y terminamos riendo ante esta posible locura, estaba claro que ella no había comprendido bien la magnitud de mi propuesta porque aceptó fácilmente, y yo me puse manos a la obra antes de que se arrepintiera.



Aquel espacio de metro y medio por dos metros era suficiente para mí. Las paredes de malla las cubrí con las frazadas y cartones que allí había sobre una mesita, puse mi sleeping sobre un cartón en el piso, y al lado, la mesita como mesa de noche. Cuando Tina y Enrique vieron esta maravilla, más bien se preocuparon, porque, ¿y la ducha?, ¿cómo vas a hacer con la ducha?..., me preguntaron... ¡Oh!, cierto, ¿cómo iba a hacer con la ducha?..., porque baño felizmente había, el de la lavandería; luego, yo podía comer en la calle..., pero Tina solucionó este impromptu sin pensarlo mucho, te daré una llave de mi departamento para que ocupes la ducha, el baño y la cocina cuando quieras, me dijo... ¡Oooh!, mi querida Tina, fue un gran alivio aquella solución inesperada que no supe como agradecerte..., y así lo hicimos... Ese pequeño espacio en el sótano fue mi “metro cuadrado”... donde viví poco más de un mes..., allí me encontraba feliz conmigo misma, leyendo, escribiendo, pintando, observando mis escasas pertenencias y meditando en ellas sin saber que meditaba, sobre todo en mi pirámide: El Gran Sortilegio del Destino..., en cuyo interior estaba el ritual alquimista de protección con la aguja imantada en su centro, que se levantaba como una columna... que era el mismo Yggdrasil, el árbol del mundo..., que se levanta airosamente en el mismo corazón de Estocolmo..., el Obelisco de Cristal en el Sergels Torg...

 

Pasaron los días..., y no faltó algún vecino que fuera descubriéndome cuando bajaba al sótano para hacer uso de la lavandería, a pesar que yo no hacía ningún movimiento cuando sentía bajar a alguien, o apagaba las velas para que no me descubrieran. Sin embargo, no pude escapar a las miradas curiosas que vendieron la noticia a un canal de televisión, porque un buen día apareció una invitación en el departamento de Tina para entrevistarla a ella y a mí, querían grabar el hecho de que: “Sí había pobreza en Estocolmo, sobre todo había falta de viviendas”... ¡Ooh, diosas y dioses!, no sabíamos si esto era bueno o malo; pero no, no podíamos aceptar tal entrevista porque era un riesgo para mí, ya que desde hace rato me encontraba en estadía ilegal; o sea que..., íbamos a perder la oportunidad de hacernos ricas y famosas, ja, ja, ja... Entonces, recordé que días antes yo me había leído (para mí misma) el I Ching y me había salido el Hexagrama 56, El Caminante; donde decía que tenía que moverme, que yo era una caminante, una viajera, una peregrina…, no podía detenerme mucho tiempo en un mismo lugar... No obstante, yo, ya estaba mucho tiempo en el källare de Tina sin perspectiva de abandonarlo, sabiendo que no era posible quedarme a vivir allí indefinidamente...

 

Una tarde bajé al källare, a mi celda querida, prendí una vela y continué leyendo Bat Seba (Betsabé) del escritor sueco Torgny Lindgren (1938-2017), una novela que Tina me había recomendado y yo estaba fascinada con su lectura, en español... “David quería seguir siendo libre, quería seguir siendo rey, pero había quedado atrapado en la belleza divina de Bat Seba”... De pronto, en la ventanita alta que yo tenía en la pared del frente, que daba a la calle, escuché unos golpecitos bastante fuertes, salí de mi celda para ver qué pasaba y vi a Natik que me hacía señas desde afuera para abrirle la puerta del edificio. Subí de inmediato, temiendo que algo malo hubiera pasado... ¡Qué susto!, me dijo Natik, se veía mucho fuego aquí abajo; y yo... solo tenía una vela prendida, le dije. De afuera se veía como un incendio, aseguró Natik muy preocupada, no puedes prender velas, recalcó, y yo quedé ¡PLOP!... ¡Era un aviso del hexagrama!, no había duda..., yo tenía que dejar mi celda querida... que me había traído reminiscencias de las carmelitas descalzas del castillo interior, y de las monjas del convento de Santa Catalina en Arequipa, Perú... Así iba comprendiendo el sentido místico de esas celdas que ellas ocupaban..., eran los lugares perfectos para estar uno con uno mismo, en su propia meditación y oración…, en su propio viaje interior..., tal como es afuera es adentro...


Natik había ido al edificio para pedirme que me quedara en su departamento con Elvirita..., su hermosísima bebé que había nacido unas semanas antes..., y todos estábamos embobados con ella, nuestra engreída sobrina. Por supuesto que me fui con ella sin pensarlo dos veces. Me encantaba estar con mi pequeñita recién nacida..., por lo que yo era muy feliz cada vez que Natik me pedía que me quedara con ella. Yo tenía la experiencia del juego con mis otras sobrinas y sobrinos, hij@s de mis hermanas mayores. Frente a Ela (Elvirita) yo había quedado como David frente a Bat Seba, atrapada en sus encantos de miniatura... Esa noche me quedé con Elita y sus padres, y al día siguiente me fui a limpiar un par de casas y de allí al källare. Tina me había dejado una nota porque quería hablar urgentemente conmigo. Subí a su departamento. Ella había recibido una carta del administrador del edificio, donde le pedía que deje de usar el depósito como vivienda. Estaba más que claro..., yo tenía que salir de allí de inmediato, tenía que dejar mi querida celda, sí o sí. Me había llegado el momento de alquilar un apartamento, tenía que moverme, no tenía que detenerme mucho tiempo en un mismo lugar... ¡Ooh!..., el I Ching me había hablado una vez más.

 

Alquilé un bello departamento en Rimbo, una pequeña comuna ubicada al norte, en el municipio de Norrtälje, a una hora de Estocolmo en bus; pero eso no importaba porque la locomoción era muy buena y el pasaje era el mismo para cualquier lugar de la ciudad usando el månadskort (tarjeta mensual de transporte público). Casi todos comprábamos esta tarjetita que nos permitía trasladarnos a cualquier lugar de Estocolmo tan solo con mostrarla, sea en el tunnelbanna (el metro) o en el bus; y las había por un mes, tres y seis meses de duración, incluso hasta de un año. De vez en cuando, en este departamento también empezamos a hacer nuestras reuniones con mis hermanos y sus chicas, pero la mayoría las hacíamos siempre en el departamento de Tina, en el centro de Estocolmo.

 

En una de estas fiestas que tuvimos en el departamento de Tina, recibimos la noticia (por teléfono desde Perú, no recuerdo de cual de mis hermanas) que mi padre había partido de este mundo..., era el 21 de setiembre de 1990... Nuestra madre y hermanas estaban ocupándose de sus funerales y del trámite de la pensión de jubilación que ahora le correspondía por completo a nuestra madre. Paramos la música, dejamos de bailar y filosofar; obviamente..., mis hermanos estaban dolidos..., y yo me sentía como el extranjero de Camus..., porque además, hace mucho que no sentía ningún afecto por mi padre, a causa de su abandono...; sin embargo, no pude evitar escaparme de las criticas de mis hermanos por mi indiferencia ante este esperado e inesperado suceso… Mas, todos juntos fuimos acariciando, poco a poco, el hermoso proyecto de traer a nuestra madre querida a Estocolmo, pues mis hermanos ya estaban en vías de conseguir su permanencia en este increíble país nórdico.

 

En tanto, mis clases de inglés se me hacían muy difíciles, los libros que conseguía eran todos de inglés-sueco, sueco-inglés, no había nada con español, pero aun así seguí persistente en el empeño con la ayuda de Enrique, quien me hacía los esquemas gramaticales; y me sentía feliz de practicarlo con las señoras dueñas de las casas que yo limpiaba..., y con quienes poco a poco fuimos conociéndonos. Se sentían curiosas de saber que mis motivos de estar en Suecia no eran del común; y mucho más..., les parecía un poco inverosímil que yo, teniendo la gran profesión de arquitecta, me encontrase limpiando casas...; me hacían sentir como uno de los protagonistas de la novela: La insoportable levedad del ser del escritor checo Milan Kundera (1929-2023)..., el médico cirujano que se ganaba la vida limpiando ventanas...



VII. Parte 2 – El clan familiar en Estocolmo

 

Luego, por esos días conocí a Deepak, un muchacho hindú. Enrique y Tina lo conocieron primero y me hablaban maravillas de él, es justo como para ti, me decían, queriéndome decir que ellos habían encontrado al hombre de mis sueños, ja, ja, ja... Acepté encontrarme con Deepak, porque ellos también le habían hablado de mí y a él le resultaba curioso que una peruana quisiese ir a vivir a India, y no se quedase en Suecia donde todo el mundo quería vivir...; y a mí también me entraba curiosidad por conocerlo, por saber por qué prefería Suecia a India que era la capital espiritual del mundo... Deepak y yo llegamos a citarnos por teléfono. Enrique y Tina estaban más entusiasmados que yo porque otras eran mis intenciones. En fin, íbamos a encontrarnos en el centro comercial Åhléns, en el primer piso, en pleno Sergels Torg, el corazón de Estocolmo; él había elegido el lugar y estuve muy de acuerdo, el centro era mi lugar favorito y también Gamla Stan, la ciudad vieja. Sin embargo, me pareció raro que él eligiera un centro comercial para nuestro encuentro, ya que en el Åhléns había mucha gente; podía haber elegido una cafetería..., yo hubiera preferido un parque, el Kungsträdgården, el parque del rey...

 

Cuando llegué al Åhléns, empecé a buscarlo en medio de la gente, la seña era que él llevaría su cabello largo recogido en una cola; y yo tenía el cabello hasta el hombro, suelto, raya en medio... De pronto me atrajo un joven, no muy alto ni muy delgado, que estaba mirando unos zapatos en un escaparate, tenía el cabello recogido en una cola, ¿será Deepak?..., me pregunté para mis adentros, entre broma y adivinanza…, pero no era de color muy oscuro como me lo había imaginado; continué mirándolo porque me había atraído irresistiblemente, aunque sintiese que, tal vez, no fuese Deepak. Creo que, al sentir mi mirada, él volteó y nos encontramos con los ojos, nos quedamos mirando fijamente y nos sonreímos... Él era Deepak..., y …, a medida que íbamos acercándonos mutua y lentamente, yo fui viéndole sus ojos cada vez más y más claros, límpidos y diáfanos… ¡Hej!, nos dijimos, siempre sonrientes, y nos abrazamos un poco fuerte, como hacen los viejos amigos que se encuentran después de mucho tiempo... Reímos...

 

Nos fuimos a un parque a contamos nuestras historias. Él era de Bombay, siendo muy chico se le había despertado el interés por conocer occidente a quien Asia seguía en su desarrollo industrial y tecnológico. En Estocolmo se quedó admirado de la buena calidad de vida de los europeos en general y decidió quedarse a vivir allí por un tiempo. Por mi parte le dije que quería ir a conocer su patria, India, y su cultura de la que tanto hablaban los místicos...; yo quería conocer de su yoga, de sus gurus y de sus ashrams o monasterios... Yo prefiero llamarlos guías espirituales, fue lo primero que Deepak me dijo, pues los gurus son personas autorrealizadas y no existen en este tiempo. Lo que hay, más bien, son muchos fantoches charlatanes que se hacen pasar por gurus… ¡Oh, diosas y dioses!, Deepak me estaba diciendo lo mismo que me había dicho la Maga con respecto al negocio de los gurus…; hace muchos años…, allá, cuando nos encontramos por el gran río Amazonas… Y empecé a anotar en mi cuaderno todo lo que Deepak me decía con respecto al yoga y sus gurus, para que él se asegurara de que yo lo estaba entendiendo bien; aunque todavía no pudiese relacionarlos con las posturas de yoga que practicaban mis hermanas mayores en Santiago de Chuco… Mas, cosa curiosa, nunca supe por qué nunca le pregunté si conocía al guru de los monjes hare krishna, y su famoso maha mantra hare krishna hare krishna, krishna krishna hare hare, hare rama hare rama, rama rama hare hare; hasta creo que los olvidé, pese a haberlos encontrado nuevamente en Fridhemsgatan. Al despedirnos, Deepak y yo, sabíamos que en cualquier momento volveríamos a encontrarnos.


Mi madre llegó a Estocolmo en abril de 1991. Fue una gran fiesta… inolvidable, prácticamente estábamos toda la familia allí en Estocolmo, solo faltaban Mery, Silvia y Edith con sus familias. Por fin nuestra querida madre estaba con nosotros. Por fin se fueron todas las preocupaciones que sentíamos por ella al saberla sola en Arequipa, por más que estuviese cerca de mis hermanas, porque ellas también tenían sus respectivas familias. Mi madre estaba muy feliz, todos estábamos muy felices…, parecía que todos estábamos soñando despiertos...


Alquilamos un departamento grande en Rinkeby, al noroeste de Estocolmo, donde vivimos… mi madre, Jorge, Natalia, Elvirita y yo; y Ángel, un muchacho peruano, amigo de Jorge que había llegado de Moscú. Fue una bella época; mi madre me había traído los libros de inglés de Enrique que había usado en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano de Arequipa; facilitándome enormemente este estudio. Y también mi madre me ayudó a ahorrar el dinero que yo ganaba diariamente, ella lo guardaba y apenas me daba para mis gastos diarios. Me hacía recordar a mi padre cuando él le daba todo su sueldo (a mi madre) para que lo administrase. Yo le había prometido a mi madre hacer este mi nuevo gran viaje con dinero en el bolsillo, ella me decía que yo ya no estaba para viajar como una aventurera o una vagabunda, ¡que me diera mi lugar!... ¡Ayy, mi madre! ¡Mi madre Elvira!... Sí, yo ya tenía la necesidad de ahorrar seriamente porque ya quería partir... Me di el plazo de un año, en el que ahorrase lo que ahorrase yo ya estaría partiendo.



En esa temporada me dediqué a pintar cuando tenía tiempo, era parte de mis juegos con Elita… quien podía usar mis pasteles para rayar en su propio cuaderno de dibujo cuanto quisiese. Elvirita se hizo mi compañerita de juegos y pasatiempos, por lo que mis hermanos la nombraron cariñosamente como mi secretaria, gracias a la fina ocurrencia de Víctor; pues, cada vez que nos encontrábamos, Ela y yo, andábamos juntas de arriba para abajo y de abajo para arriba… Era una gran dicha para mí compartir con mi pequeñita, jugar con ella, cantar con ella y bailar y bailar… Me encantaba cargarla en mis brazos para bailar mientras escuchábamos todo un long play de Edith Piaff, o la ópera La Traviata de Verdi… Una vez, hasta me acompañó a presenciar esta ópera en forma completa, en la televisión. Poco a poco, Elvirita fue convirtiéndome en su mascota preferida, pues yo la complacía en todo. A veces, yo hacía de su conejito y otras de su caballito de paseo al cual podía montar a su antojo, ante el aparente disgusto de mi madre que me decía: “la malcrías demasiado”, o, “sigues como siempre... malcriando a tus sobrin@s”...; pero, ella también la engreía a su nieta cuanto podía… ¡Aah, mi madre! ¡Mi madre Elvira!

Yo consultaba con Deepak todo lo que podía sobre el yoga que había encontrado en el libro de Mircea Eliade, Yoga, inmortalidad y libertad… Porque había muchos conceptos de yoga de diferentes autores, tanto occidentales como hindúes..., y yo tenía mis dudas con respecto a ambos...; me ponía en guardia ante los comentarios de la gente y de la prensa sobre la existencia de los famosos gurus falsos y del negocio del guru. Pero yo había conectado con Mircea Eliade, me gustaba el hecho de que él había vivido tres años en un ashram o monasterio de India para estudiar el yoga, y presentar su tesis: Yoga, inmortalidad y libertad. De quienes yo había leído, él me atraía más, yo sentía que él había captado el espíritu indio, el espíritu del yoga; y Deepak simplemente me lo confirmaba... Yo estaba en mi proceso de discriminación e iniciación en este nuevo conocimiento, sagrado o divino, comprendiendo que eso era fundamental en nuestra vida. Estábamos hablando de otro mundo, del mundo del espíritu, del alma, atma o atman..., a quien uno encuentra por medio de la meditación. Y era un concepto general que el yoga no se aprende solo, es necesaria la dirección de un maestro o guru, o guía, o mentor; tal como en las disciplinas mundanas se necesita de profesores o maestros para aprender una profesión o arte; por supuesto, solo hasta que el pájaro pueda desplegar sus alas y volar por sí mismo...

 

Una tarde, Deepak me esperaba con una sorpresa en medio del crepúsculo cuando nos encontramos, me llevaría a conocer a un guru, ¡ooh, esta sí que era una gran sorpresa para mí!... Fuimos caminando a un templo, no recuerdo por dónde... Cuando llegamos, ingresamos a un gran salón que estaba lleno de gente sentada sobre pequeños tapetes en el suelo; y en un ángulo del gran salón estaba sentada sobre un sencillo sillón, una joven hindú muy morena, bella, sin accesorios que le adornaran el cuerpo, llevaba puesto un sari blanco muy simple; y estaba dando bendiciones con sus manos a las personas que se le acercaban para tocarle los pies..., o para entregarle una flor..., o para hacerle alguna pregunta..., o dejarle una donación... Ella es Amma, me dijo Deepak, y yo me alegré mucho de conocerla, me gustó, me cayó bien..., es una mística..., me dije para mis adentros… Levemente me trajo suaves reminiscencias de aquella pintora trascendental que yo había conocido meses atrás en el Govinda de los hare hare… Cantamos un poco con la gente y luego nos fuimos. En el camino le pregunté a Deepak si Amma era una persona autorrealizada, y cómo se sabía o se confirmaba que lo era... Él me contestó:

 

–Amma es una yogui o yoguini muy avanzada en su proceso de autorrealización, a medida que ella avanza, ayuda a otros; y aquellos que se identifican con ella, la siguen...

 

¡Ooh!..., es verdad, tiene que haber una conexión mística para seguir a un guía espiritual, pensé, tiene que haber un feeling... como el que yo sentí por Srila Prabhupada cuando lo vi por primera vez en un cuadro, en el templo de los hare hare en Arequipa... Un feeling como el que sentí por Deepak cuando lo vi observando ese escaparate en el centro comercial Åhléns..., o como el que sentí por la Maga cuando la vi comprando fruta en un mercado en Tingo María y Pucallpa (Perú)...; un feeling, una atracción mística... De pronto Deepak me interrumpió...

 

–Sus seguidores dicen que Amma alcanzará la autorrealización en esta vida y no reencarnará más.

 

Me dio mucha paz conocer a Amma, podía leerse en su rostro la renuncia a las cosas de este mundo..., y la bienaventuranza; mas, yo tenía que continuar con mi camino trazado a India.

 

Mis trabajos de limpieza me brindaban varias satisfacciones…, no solo porque iba practicando mi inglés con las dueñas de las casas que limpiaba, sino también, porque iba conociendo cómo vivían los suecos, cómo eran las bellas y cómodas distribuciones de sus casas o departamentos; cuya arquitectura es muy fina, sobria, elegante, sencilla y funcional al mismo tiempo... No faltó alguna señora que me consultara sobre el cambio de unos tabiques en su casa, quería hacer una reforma... y yo le propuse hacer un bosquejo, si le gustaba la idea yo le haría un anteproyecto, hasta allí llegaría mi trabajo; más bien, para llevarlo a cabo tendría que contratar a un arquitecto o a los especialistas del caso. A Ingrid le gustó la idea y nos encantó el resultado, ellos me pagaron bien; y al correrse la voz entre vecinas, pude hacer un par más de anteproyectos.

 

Se acercaba diciembre y con él, la famosa fiesta de Santa Lucía en Suecia (el trece de diciembre) y el triunfo de la luz radiante sobre las tinieblas… Luego vendrían las vacaciones de mis sobrin@s en Perú…, la navidad y el año nuevo... y mi gran viaje... Poco a poco, entre todos, mi madre, mis hermanos y yo, empezamos a planear una invitación para que viniesen mis sobrinas: Gery, Vane y Kissy (de quince, catorce y diez años respectivamente), hijas de mis hermanas..., incluso se animó a venir mi hermana Silvana... Sería la navidad más grande en la historia de nuestra familia. Sin embargo, Deepak nunca participaría de nuestras reuniones porque no tomaba alcohol, no fumaba y era vegetariano; así que siempre nos encontrábamos fuera, los dos solos, en el centro.

 

Cuando llegaron mis sobrinas y Silvana a Estocolmo fue una algarabía total, a todos nos parecía increíble que estuviésemos, prácticamente, los ocho hermanos con nuestra querida madre en Suecia, al otro lado del mundo; porque Vane y Kissy venían en representación de Mery y Edith; aunque sentí mucho y aún lo siento, el que no hubiéramos hecho todo lo posible por traer también a mi Jorge Junior y a Fabrizio… Perdóname Junior…, perdóname Fabrizio...

 

Enrique y Tina hospedaron a Vane, Rafael y Kristina hospedaron a Kissy, y Gery y Silvana se quedaron con nosotros en el departamento de mamá. Incluso Dasha, de ocho añitos, hija de Víctor con Svetlana, vino de Rusia para pasar esa temporada con Víctor y Evita Perón. Algunos días de esos casi tres meses que mis sobrinas se quedaron con nosotros, tuve el honor de compartirles mis trabajos de limpieza, para que ellas tuviesen con que pagarse algunos caprichos y también para que yo tuviese más tiempo para estar con ellas.

 

La fiesta de Navidad la organizamos en casa de Kristina de Rafael, Arnövägen 2, Saltsjö-boo, en el municipio de Nacka, donde vivía con su padre y sus dos hermanos, Per y Anders. Era una casa grande, de un piso, grata, muy bien distribuida... Allí nos reunimos todos, incluso vinieron la mamá y la hermana de Tina, Elizabeth... Nos sentíamos como en la alfombra roja, abriendo regalos, jugando, cocinando, bebiendo, saltando, bailando…, entre grandes y chicos… Dancing Queen de ABBA, The Rivers of Babylon de Boney M., Love is a Stranger de Eurythmics, y también los éxitos de Madonna, Michael Jackson, Queen…, Midi, Maxi & Efti…, U2, Guns N' Roses… Era el amanecer del día siguiente y no parábamos... Fue una navidad inolvidable... y el año nuevo también...; tal como el momento en que tuvimos que despedirnos de nuestras sobrinas queridas entre llantos y agradecimientos... Ellas se regresaron a Perú; mas, Silvia se quedó todavía un largo tiempo con nosotros, mi madre estaba feliz, todos estábamos felices..., parecía que todos estábamos soñando despiertos... 




Sin embargo, la vida de nuestra madre Elvira sería –en adelante– un constante dolor y felicidad al mismo tiempo, por la separación y encuentro con sus seres más queridos. Primero, cuando tuvo que separarse de sus padres, hermanos y demás familia y la tierra que la vio nacer, para formar su nuevo hogar con nuestro querido padre Donato lejos de la patria y de sus seres queridos…; conociendo nuevos lugares y nueva gente… Luego, tuvo que aceptar el abandono de nuestro padre y de cada uno de sus hijos cuando dejamos la patria en busca de nuevas oportunidades. Nuestra madre nos apoyó heroicamente a todos sus hijos con su desapego, renuncia y sacrificio, aceptando el destino de cada uno de nosotros; y el suyo propio también, cuando ella misma tuvo que dejar la patria para recorrer otros caminos que su destino le ofrecía, al otro lado del mundo.

 

Mamá fue una constante viajera, se trasladaba de un continente a otro para visitar a sus hijos e hijas, para ver nacer y crecer a cada uno de sus nietos que iban acrecentando nuestra familia. Mamá fue, es y será siempre nuestra compañera inseparable de viajes y de nuestras vidas.

 

 

VII. Parte 3 – Deepak y Tauna

 

Por esos días nos visitaba también, eventualmente, Tauna, un músico africano, quien se había hecho amigo de todos mis hermanos. Yo lo había conocido una tarde en la estación del metro, cuando regresaba a casa. Anteriormente, yo ya lo había visto en un festival musical que hubo en el T Centralen, y me había atraído su forma especial de cantar y bailar y su exótica vestimenta, llevaba una colorida vincha sujetando su cabello rasta; ese día se presentaron muchos cantantes y grupos… Allí vi a Tauna tocando su kalimba… Era delgado y bajo de estatura. Nunca pensé volver a verlo hasta aquella tarde en la estación del metro... y no recuerdo cómo él inició la conversación… De pronto, nos encontramos hablando del yoga, de mi viaje a India, de que él era un instructor de yoga y que trabajaba en un colegio de niños; por supuesto que yo acepté que me diera una clase de yoga sin costo alguno, lo que sería mi primera experiencia con los ejercicios de respiración y meditación del yoga. Nos encontramos al día siguiente en su lugar de trabajo, y en una de esas aulas seguí sus instrucciones… Me tendí en el piso boca arriba, sobre una esterilla, con las piernas ligeramente separadas y las palmas de las manos hacia el cielo; mientras Tauna tocaba su kalimba, pronunciando extrañas oraciones y danzando suavemente alrededor de mi cuerpo… No podia relajarme por completo, pues me encontraba en una postura por demás indefensa… ¿Y si me estuviera embrujando?..., me preguntaba con cierto temor y desconfianza, por lo que me mantuve alerta todo el tiempo, en guardia…; todo era posible... Luego, Tauna me enseñó a respirar con el diafragma –siempre en postura acostada– para limpiar, desintoxicar y purificar el cuerpo y la mente, contando un número de veces mentalmente y luego descansar… Repetí este ejercicio durante quince minutos más o menos, bien concentrada y siempre alternándolo con el descanso. Luego, agregué a este ejercicio el movimiento de brazos, hacia arriba hasta formar una cruz y hacia abajo pegándolos ligeramente al cuerpo, sin tocar el piso, repitiéndolo por quince minutos más hasta el descanso o relajación final, con una breve meditación en el corazón. Al final de la clase, Tauna me explicó que esas oraciones que él había cantado eran en su idioma nativo, de Namibia (suroeste de África); y que además de músico e instructor de yoga, era un “shaman” que nos curaba a todos a través de la música de su kalimba y sus cánticos devocionales.  

 

Una tarde le pregunté a Deepak cuál es la relación entre los ejercicios físicos de yoga, la meditación y la autorrealización, él me respondió:

 

Los ejercicios físicos son necesarios para mantener el cuerpo sano. En un cuerpo saludable se hace más fácil meditar en el alma y la Superalma o Divinidad Suprema; entonces tomó una ramita verde de un árbol y lo movió de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, varias veces, diciéndome, mira, no se rompe porque es una ramita joven; en cambio esta, dijo tomando una ramita seca, al doblarla se rompe, ¿ves?... Así mismo, los ejercicios físicos mantienen la columna vertebral flexible, lo que es sinónimo de salud y juventud. Después de hacer ejercicios físicos uno está más apto para la meditación en el alma y la Superalma o Divinidad Suprema, porque su mente está en calma, y al meditar, uno puede percibir a la Divinidad Suprema, objeto de su meditación; este encuentro es lo que se conoce como yoga o autorrealización.

 

Esa tarde, Deepak quiso mostrarme su propio lugar de meditación, y me invitó a su cuarto que tenía alquilado en un departamento grande (no recuerdo en qué municipio), donde había otros inquilinos; todos son vegetarianos, me dijo, aquí no se fuma ni se come carne ni huevos. Su cuarto era pequeño pero confortable, no había más que un colchón de una plaza en el piso, un pequeño estante de libros, una mesita con su altar, y frente a la mesita había un cojín donde Deepak se mantuvo sentado casi todo el tiempo mientras hablábamos, yo estaba sentada en el colchón. Él me explicó que él meditaba en Ganesha, el dios removedor de todos los obstáculos y dificultades de la vida, y cantaba su mantra, om gam ganapataye namaha, en un rosario o mala. Me mostró sus libros y así se nos pasó la hora conversando. Como se hizo muy tarde para volver a casa, asumimos, casi en forma natural, que yo me quedaría a pasar esa noche con él…, y llamé a mi madre por teléfono para que no se preocupara por mí.

 

Me gustaba Deepak enormemente, me daban ganas de abrazarlo de rato en rato… como se abraza a un bebé... Solo quería abrazarlo y agradecerle por lo maravilloso que estaba siendo conmigo al mostrarme su cultura y su mundo más íntimo..., él creía en la existencia de la Divinidad Suprema... y yo no..., hace mucho que yo me había perdido en el campo de la incredulidad y escepticismo, ¡ooh, diosas y dioses!... Pero sentía que sería fácil abrazarnos con Deepak, pues ya lo habíamos hecho una vez en el Åhléns, el centro comercial, cuando nos encontramos por primera vez... Y así fue..., mas, no sé cómo ocurrió…, de repente, nos encontramos de pie en el centro de la habitación..., abrazados como en nuestro primer encuentro, solo que esta vez un poco más fuerte… Fue un abrazo íntimo, fraterno, quieto, largo..., más relajado que el que nos dimos en el Åhléns... De pronto, Deepak me dijo suavemente al oído, mientras me abrazaba... No sex..., no sex..., lo que me sorprendió un poco, porque en realidad, yo tampoco había pensado en ello; y creo que en ningún momento le había dado motivos para que pensara que ese era mi deseo...; en todo caso, estuvo bien que lo dijera para no asumir falsas expectativas, más que la real por la que estábamos juntos: nuestra atracción mística, no física. Aunque no lo niego, Deepak también me atraía mucho físicamente, pero eso quedaba en último término... Esa noche dormimos bien abrazaditos en su colchón de una plaza..., como dos hermanitos..., o dos amiguitos..., amantes..., sin ningún tinte perturbador del deseo carnal... Al día siguiente, él se levantó muy temprano y se puso a meditar… haciendo japa (se pronuncia yapa), es decir, cantando solo –en voz baja– su mantra, el mantra de Ganesha, om gam ganapataye namaha…, en su mala o rosario. Yo seguí durmiendo…; luego, como a las seis de la mañana, él me dejó un chocolate debajo de la almohada diciéndome: Disculpa que este sea tu desayuno. Tengo que trabajar. Cuando salgas, solamente cierra las puertas.

 

Era sábado, yo me quedé en su cuarto como hasta las diez de la mañana y me fui a casa, saltando en un pie, de alegría...

 

Esa noche comprendí que Deepak era un yogui, no comprendí muy bien la magnitud de este hecho ni la escuela mística en la que se encontraba, solo sentí que era un practicante serio y sincero consigo mismo, que estaba en el camino de aprender a controlarse a sí mismo..., y que eso significa practicar el celibato… Y me acordé de mi querida amiga la Maga cuando allá, por el gran río..., nos abrazábamos también con amor puro… En realidad, no debería importar si es un hombre o una mujer cuando se abraza sin la contaminación del deseo sensual… Así…, yo aspiraba otro tipo o estilo de vida, otro mundo... Y volvimos a dormir juntos, Deepak y yo, del mismo modo, un par de veces más..., suficientes como para retenerlo a él en mi memoria.  

 

Por estos motivos yo ya me había alejado en mucho de mis encuentros ocasionales, que pasaban sin dejar el menor rastro en mi corazón, y ya no vivía ningún otro tipo de acercamiento; prefería pasar el rato con mis hermanos y sus novias o enamoradas, sin necesidad de que yo tuviese un acompañante. Me gustaba cuando todos íbamos a las discotecas, y a veces solo íbamos las muchachas y yo…; pero el que hubiese discotecas donde no pudiésemos entrar los “cabezas negras”, me descolocaba, era la muestra palpable de que en Suecia había escondido –todavía– un fuerte racismo, aunque lo negasen... Para mí era una locura escuchar al maravilloso grupo ABBA en medio de luces de colores, y muchach@s que bailaban sol@s sobre unos pedestales… Bailábamos Dancing Queen, Eagle, I do… entre todos los concurrentes…; mientras Tina y Caroline me introducían en el ritmo de otros cantantes suecos como Marie Fredriksson; Monica Törnell, Midi, Maxi & Efti…; y también de algunos extranjeros como Joni Mitchell, Leonard Cohen…; y bailábamos felices La Isla Bonita de Madonna y el Billie Jean de Michael Jackson... Al mismo tiempo que por otros horarios..., yo iba introduciéndome con más dedicación en el fantástico mundo de las óperas…, escuchándolas en el Kulturhuset o comprándolas. Y con Tina, íbamos escuchando, cada vez que nos encontrábamos en su departamento, el soundtrack de la película española Carmen (1983) de Carlos Saura (1932-2023) que es una fusión magistral de la ópera clásica de Georges Bizet (1838-1875) y la pasión del flamenco; compuesta y arreglada por el guitarrista Paco de Lucía (1947-2014) y el bailarín Antonio Gades (1936-2004).

 

Los días pasaban y yo nuevamente fui lanzada al torbellino de un sin fin de emociones contradictorias...; poco a poco, toda aquella felicidad que estábamos viviendo con mi familia se iba esfumando ante mis locos deseos de partir, pues ya estaba llegando el momento...; yo había vuelto a sufrir porque no podía darle paz a mi madre quedándome a vivir con ella...; y por otro lado, me inquietaban mis propios temores de ir quien sabe a qué partes desconocidas del mundo... Mis hermanos ya estaban consiguiendo, prácticamente, sus residencias definitivas y estaban en vías de conseguir sus préstamos del gobierno para convalidar sus títulos en el KTG - Kungliga Tekniska Högskolan (El Instituto Real de Tecnología); y yo..., yo sentía que estaba echándolo a perder todo, echando a perder –con mi partida– esta felicidad de mi madre y de mis hermanos... ¡Ooh, diosas y dioses!..., una vez más tuve que armarme de valor para abandonarlo todo, e ir hacia mi propia búsqueda interna y externa de mi propio centro... Fue muy duro tener que vivir de nuevo el dolor de nuestra difícil separación...

 

Mi preparación para mi gran viaje a India ya estaba llegando a su fin..., ya tenía un buen dinero ahorrado, ya podía “defenderme” con el inglés, y me estaba preparando física y mentalmente con los ejercicios de respiración, concentración y meditación que Tauna me había enseñado, y también a hacer “tratak”, una meditación visual con una vela encendida; me inspiró mucha confianza esta práctica, pues la vela, para mí, es símbolo de sabiduría y protección..., su luz nos protege de las tinieblas...; por ello, yo siempre viajaba con una vela… El ejercicio consiste en mirar la llama de una vela a la altura de los ojos, a treinta centímetros de distancia, mirarla fijamente tanto como se pueda, hasta que los ojos parpadeen o se humedezcan; luego, uno cierra los ojos y visualiza –lo más que pueda– ese punto rojo o amarillo brillante que aparece de repente entre las tinieblas de sus ojos cerrados...; mientras respira en forma natural, suave..., rítmica...  Ese punto que se visualiza es la energía concentrada de la mente, me dijo Tauna. Si uno dirige ese punto a un objetivo concreto este se cumplirá tarde o temprano, o se materializará, dependiendo de su práctica. Hazlo siempre, pidiéndole protección.  

 

Este punto era el mismo punto rojo del que habla Walter Delaney en su Ultra Psicónica. En ese punto rojo se junta toda la energía dispersa de la mente, lográndose un alto poder de energía concentrada hasta el punto de que uno puede cumplir todos sus deseos, tanto materiales como espirituales. Pero no se puede ni se debe abusar de la materia, pues tarde o temprano, eso trae funestas consecuencias; debe haber siempre un equilibrio y armonía entre lo material y espiritual. Sin embargo, si nos inclinamos más a lo espiritual, sus beneficios no tendrán límites, ya que esta energía espiritual es la fuente de todas las energías materiales... Y yo aspiraba un único deseo: encontrarme a mí misma y a la verdad absoluta.

 

¿Cuál será la fecha más recomendable para partir?, era una de mis preguntas clave…, necesitaba una señal del universo... Luego, ¿por dónde será más aconsejable partir?...; aunque mi rally lo tenía claro: yo iría a París, Grecia, Egipto e India...; solo tenía que comprar un pasaje a París, sea por tren o avión, el resto... fluiría... como el río...; pero yo estaba esperando esa señal del universo…

 

Estas eran mis deliberaciones, cuando una noche soñé con un hermoso pájaro verde, era una paloma brillante. Yo estaba sentada en el suelo, piernas cruzadas, sosteniendo a esta paloma refulgente que se movía inquieta en el piso y entre mis manos, queriendo zafarse para poder volar..., pero yo la contenía... Cuando le conté este sueño a Tauna, él me dijo:  Ya estás lista para viajar, ese pájaro eres tú.

 

¡Ooh! me emocionó tanto escuchar lo que dijo Tauna... que solté una lagrimilla..., de nuevo vi mi río y el mar… El río, la gran montaña y el mar… 

 

(1)   “Yo soy un río, voy bajando por las piedras anchas, voy bajando por las rocas duras, por el sendero dibujado por el viento. Hay árboles a mi alrededor sombreados por la lluvia. Yo soy un río, bajo cada vez más furiosamente, más violentamente bajo cada vez que un puente me refleja en sus arcos. (…)”.

 

Y vi la cima de la Gran Montaña a la cual ahora estaba dirigiéndome en mi viaje interior… La cima de esa gran montaña es el centro de este despiadado laberinto de la mente…, esa es la puerta a ese lado desconocido e invisible de las cosas…

 

Era el año 1992, y antes de su verano llegó la gran señal.

 

Jorge, mi hermano, nos avisó que un amigo suyo acababa de llegar de Moscú, y que estaba vendiendo pasajes para Moscú a veinte dólares cada uno..., ¡baratísimo!..., así estaba el valor del rublo en ese tiempo. Esa fue, para mí, la señal que yo estaba esperando. No podía perderme la oportunidad de conocer la famosa Rusia, cuna del tan soñado socialismo y comunismo (aunque en ese momento estuviese pasando por la peor de sus pesadillas), la famosa Catedral de San Basilio de Moscú, joya entre joyas de la arquitectura rusa. Era una hermosa invitación para conocer Moscú, la ciudad donde habían estudiado mis hermanos Víctor y Jorge y de donde eran mis dos bellas cuñadas, Svetlana y Natik, sus esposas. Conocería la tierra de los famosos escritores, pintores y músicos rusos de todos los tiempos como León Tolstóy, Fiódor Dostoyevski, Antón Chéjov, Vasili Kandinski, Marc Chagall, Piotr Tchaikovski, Rimsky Korsakov, Dmitri Shostakóvich y tantos otros, ¡ooh, diosas y dioses!...

 

Conocería en vivo y en directo la situación real por la que estaba atravesando la nueva Rusia, luego del colapso que acababa de sufrir la Unión Soviética (URSS)… Yo apenas sabía de lo ocurrido pues no confiaba para nada en la prensa corporativa y oficial de los medios occidentales como para informarme, porque bien sabía que siempre eran un engaño, una manipulación de los hechos para desprestigiar y atacar a Rusia y al comunismo… Pero sentía en mi corazón que sí, que los gringos anglosionistas habían conseguido que los líderes rusos pongan el capital transnacional (privado) por encima de los intereses de su patria, ocasionando así, la disolución de la Unión Soviética. Por ello, yo no quería saber nada más de ese mal acostumbrado juego sucio y desleal de occidente porque yo comulgaba plenamente con la URSS, no solo porque me inclinaba por su sistema socialista y comunista (aunque desafortunadamente haya sido después, contaminada por la codicia y la corrupción), sino también porque había becado a dos de mis hermanos menores para que estudiasen en una de sus universidades más pretigiosas: La Universidad de Rusia de la Amistad de los Pueblos Patrice Lumumba. La URSS siempre fue, realmente, un amigo del pueblo; en cambio, los anglosionistas creen que el pueblo es, simplemente, su patio trasero y lacayo, ¡qué mentalidad para más colonialista, narcisista y psicópata la que tienen!

 

Pagué los veinte dólares con todo gusto, y quedé estupefacta al enterarme que viajaría en un barco de Estocolmo a Helsinki (capital de Finlandia), y de Helsinki viajaría en tren a Leningrado (el antiguo San Petersburgo) y luego a Moscú. ¡Todo un rally!... ¡Qué alegría!... ¡Qué increíble!

Pero, y ¿luego?...

 

Seguí marcando mi ruta, de Moscú viajaría en tren a Varsovia, Berlín y París. Solo tenía que ponerle fecha al boleto comprado, y seguir visualizando mis siguientes paradas olímpicas...

Entonces, le puse fecha al ticket de mi nuevo gran viaje, viajaría con la luna llena del mes marzo, después de mi cumpleaños...